Cuando te miro
perdiéndote en mil sonrisitas maliciosas
sin embargo tan tímidas miradas
tengo gana de morderte los labios.
En la húmeda brisa de este bosque de fin de verano…
reconozco el olor de tus escalofríos,
que me excitan,
incitan…
desafían…
mientras te acaricio lentamente los flancos
apretándote…
dulcemente pero ávidamente desenfrenado…
tengo gana de cerrarte al muro
aquí sobre este frio banco.
Cuando nos contamos nuestros secretos,
aquellas dudas ansiosas…
que se pierden entre sueños,
deseos,
simples placeres
mientras bajas tu mirada
dulcemente
para no dejarte invadir, poseer perdidamente…
escondiendo involuntariamente tus labios, tus ojos fugitivos
con el borde de tus hábitos de arrancar ya…
tengo gana de conquistar tu boca.
Cuando te hablo,
insinuando mis manos entre tus cabellos,
acariciándote ahora el cuello…
ahora la sien caliente de tu placer,
en la apnea de tu respiro…
tengo gana de atarte con mis brazos.
Cuando mi piel
se nutre de tu sudor y
reclama a si cada parte de tu cuerpo,
te quiero confundir en nuestras locuras,
entre amor y alquimia.
Cuando quiero que acoja ahora…
cada deseo… de mi
ahora, si ahora… dentro de ti,
pasando si también entre tus ojos,
hasta allí en tus más escondidos pensamientos…
gozo de tus ganas aún más audaces porque de una mujer no más inmadura…
pero viva
que me hace sentir vivo…
suyo,
un instante y solo nosotros, ningún otro en el inmenso…
y cogiendo tu cabeza entre mis manos
paro tus palabras de dulces miedos sonrientes pero temblorosos,
con un silencio saboreando
hablando ahora ya finalmente…
la misma frenética lengua.