La piel brilla
perlada y bronceada
bajo la persuasiva luz
de la lámpara.
El contraste
con la piel cándida
es un reclamo
a mi toque.
Te miro
y aumenta mi gana de ti,
la tuya de mi.
Atracción involuntaria
e inexorable.
Se insinúa la mirada,
se arquea
ya la espalda.
Mis pensamientos
me hablan de deseos
me preguntan por ti
y tu respondes
con gana
inexhausta.
Besos y caricias
encienden
otros deseos,
estimulan a nuevos descubrimientos,
hacen alcanzar
nuevos amplexos.
Y después un instante
de ensordecedora paz,
de nuevo
el deseo
y la gana
de apagar nuestros cuerpos
que piden
aún
de satisfacer
lo inagotable.