Dame tu cuerpo, ¿quieres?
Pero qué tontería.
Dame el alma vibrando
de caricias y besos
de piernas largas adheridas a los flancos
de piel hecha de seda luminosa
de néctar, susurros y manos abiertas
y cielos iluminados y miradas.
Dame la mano.
Pero qué tontería.
Cabálgame, mejor
como si fuese un potro y lánzame
donde ni menos habíamos soñado de saber
empújame en carrera a cada cima extrema
hasta precipitar
en el oloroso rosado
mórbido abrazo de tu vientre
donde la voz es un canto
cada respiro una poesía de amor.
Yo te recompensaré bebiendo
cada gota tuya
cada tiempo
cada expresión absorta
cada leve mirada
cuando querrás solamente
no siempre.
Yo te pagaré
viviendo
cada aspecto de tuyo
cada escondrijo secreto
cada susurro.
Y amándote.