19 nov. 2014

La rosa




Al comienzo fueron los caprichos de bocas audaces
en el seguirse por pillar y dar besos
luego se elevo un deseo ligero
de la voluntad, heraldo fiable y orgulloso.

Manos golosas, pacientes y crueles
acarician cabellos, desnudan velos,
brotan en si momentos hechos
escalofríos, sobresaltos y espléndidos lamentos.

Lengua sinuosa a probar cerezas duras
se acaloran las virtudes y la libido explota,
sin embargo no apaga de si tal delicia
a la flor más bella, lentamente, con deleite  abriga.

Ahora al leve telón  presente
se pone en obra en un santiamén
y como valiente mosquetero
bate golpes, actos al gozar.

El candente sable vigoroso
desafía a duelo la lasciva rosa
le persigue tenaz el placer
hasta en los antros del ardiente brasero.

Hora ya pace el sumo epilogo
sopla el fuego a saciar la hoguera.
al galope el arriar se hace eminente
del arma la caricia se hace potente.

Los sentidos se rebelan
el estro vira a la mera pasión,
y el caballero fogoso no se rinde
en batalla su honor resplandece.

Al fin, para tomar  aliento, un poco de ronroneo
pero la rosa ahora ya no más ilusa
reclama el tenaz sitiador,
que se reanime  rápido, la aliada amante.

Pero en realidad, su voluntad
quiere afectos de otra actividad,
a enfrentar tal instancia
se hace uso de la arcaica usanza.

Luego sin apagar el rehervir
el acróbata consagra al actuar
sobre el trapecio mece capaz
y esto si, que a la rosa complace.

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