22 oct. 2014

Tu mi sed eterna



Blancas colinas
blancas nalgas
en tu gesto
el abandono.
Cuerpo rudo te excavaba
y te hacia brotar del hondo de la tierra.
En ti boquilla entraba
como un canto
en ti irrumpía la noche.

La esencia en los ojos
forjada como arma
como flecha en el arco
como piedra para la honda.

Piel de musgo
leche ávida y quieta
en las copas de los senos
en la rosa del pubis
en tus labios
y también  mi sed
eterna erraba.


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